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sábado, 11 de mayo de 2013

Marchanding primera parte: Polonia.

Cuando salí de mi casa el 3 de abril por la mañana estaba nerviosa, ansiosa y a la vez bien, todavía no había caído de que ese día me iba. Ya tenía todo listo y ya me había imaginado que me faltaban cosas, la noche anterior no había dormido bien.
Llegué al aeropuerto de Ezeiza y empecé a tomar conciencia. Ya quisiera volver a ese momento. Estaba con ganas de hablar con todos y a la vez con nadie, mientras que mi mamá me iba diciendo que quería que me cuide yo miraba a mi al rededor e intentaba recordar quienes de la fila eran mis compañeros de polar y quien no. 
El viaje hacia Roma fue un buen motivo para conocernos más todos con todos, unas buenas catorce horas donde lo único que hacíamos era hablar. No pude dormir en todo el viaje, estaba tan ansiosa que estaba por explotar, ya quería estar en el hotel, de excursiones, ya quería estar ahí. 
El viaje de Roma hacia Varsovia fue pura siesta de todos, ya habíamos entrado en confianza y yo me sentía más cómoda con la mayoría.
La llegada a Varsovia fue increíble, lo único que podía ver por la ventana era nieve, nieve por todos lados. Para ser la primera vez que veía nieve creo que fue única.
Ese mismo día fuimos al cementerio judío de Varsovia. Ahí empecé a caer que ya estaba en marcha. Tenía tanto frío que se me congelaban las ideas. En ese lugar nos contaron un montón de historias a cerca de las personalidades que se encontraban enterradas en ese lugar. Una de ellas había sido de un señor a quien le habían encargado que escriba una lista de 20.000 judíos para ser enviados al campo de exterminio directamente y el había decidido suicidarse porque no quería entregar ningún nombre. La nieve sobre las tumbas parecían una foto en vivo y en directo, cuando íbamos caminando en un momento el guía nos hace ir por un caminito donde al rededor había mucho espacio y había un par de piedras. Nos dijo que ahí se encontraban dos de las 3 fosas comunes donde los mismos judíos de Varsovia enterraban judíos porque morían tantos al día que no había tiempo de realizar una ceremonia para cada uno de ellos, entonces realizaban una general. Cuando el guía nos dijo eso sentí un golpe fuerte en el pecho, entendí en donde estaba y el viaje que había comenzado y empecé a imaginar un poco las cosas que se estaban por venir. 
A la mañana siguiente partimos hacia Tykocin, un re lindo barrio. Conocimos una sinagoga donde la gente de otras delegaciones se encontraban bailando, cantando y festejando. Luego mientras estábamos en el micro yendo para el bosque de Lupujova el guía nos contó que lo que nosotros lo estábamos recorriendo en micro los judíos de Tykocin lo hacían a pie. Cuando llegamos al bosque me impresionó lo lindo que era, creo que nunca en mi vida había visto un bosque tan lindo. Luego comenzamos a caminar hasta que llegamos a un monumento, donde había una reja y muchas velas y frases. Ahí el guía nos contó de que el monumento era uno de los tres que se encontraban ahí y estaban en esos lugares porque en esos lugares estaban las fosas comunes, donde hacían desvestirse a los judíos y los mataban uno por uno y nos contó el testimonio de una chica que luego de ver como habían asesinado a su familia y le habían dejado una herida de bala había sobrevivido y pudo salir de ahí. 
Luego fuimos a Treblinka, campo de exterminio. Nos contaron a cerca de la estación de tren falsa y de toda la mentira que sostenían para que sigan creyendo que los iban a reubicar. Nos hablaron de Janusz Korczak, educador que tenía cargo huérfanos decidió morir con ellos en Treblinka cuando tenía la opción de salvarse continuar con su vida. 
El día lo terminamos con un shabat en el templo de Noszik, fuimos re bien recibidos, me llamó la atención que el rabino de la ceremonia en portugués, hubo un momento en el que muchos hombres se pararon y comenzaron a bailar en ronda y luego continuaron con la ceremonia como si no hubiese pasado nada.
Al día siguiente fuimos a recorrer los diferentes restos del ghetto de Varsovia, lo primero que vimos fue un muro que se utiliza como pared en un complejo de departamentos, luego vimos edificios enteros conservados, donde existe gente que vive ahí porque son de los lugares más baratos de Varsovia. Luego comenzamos a recorrer el camino de los héroes. Creo que fue lo que más me gustó de Varsovia, nos fueron contando a cerca de los diferentes tipo de resistencias no armadas que se realizaron en el ghetto. Fuimos a un monumento que parecía la silueta de un vagon de tren, donde se habían escrito nombres de pila de gente que conocían que habían sido deportadas de ahí.
A la mañana siguiente partimos hacia Lublin, todos me decían que iba a ser el peor día porque íbamos a ver Majdanek, "el qué esta intacto". No me tomé tan literal lo que me habían dicho hasta que estuve ahí, parada en el camino de barro/nieve y ver lo intacto que se encontraba. Ese día marcó un antes y un después en el viaje de marcha por la vida. Creo que ahí terminé de caer que estaba en marcha, empecé a entender mil y una cosas, me hizo recapacitar en muchas otras. Recorrimos cámaras de gas, duchas, crematorios y objetos personales de los judíos. Luego me mató ver los crematorios y la ducha que estaba al lado, que nos contaron que el oficial nazi se duchaba ahí aprovechando el calor de los hornos. Cuando estábamos en el monumento de las cenizas me sentí paralizada, no podía ni hablar ni expresarme, el guía comenzó a contarnos acerca del monumento y de las cenizas y todos comenzaron a llorar y yo seguía dura. Al rato empecé a reaccionar y entender todo lo que estaba pasando y sentía un dolor importantísimo, me dolía lo que estaba viviendo y a la vez ver a los chicos que había conocido, que habíamos empezado a conocer en el avión  que habíamos vivido tan solo 5 días juntos, que lloraban y yo lloraba con ellos. Ahí la confianza pasó a otro nivel, ya los sentía parte de mi familia. Leímos las cartas de nuestros familiares para tomar fuerzas en el micro, era una mezcla de dolor y felicidad que era difícil de explicar. Esa noche la pasamos en Cracovia. El día siguiente marchábamos.
Antes de marchar, recorrimos parte de Auschwitz. El hecho de que esté hecho un museo no me impactó tanto pero al ver las montañas de piernas ortopédicas y bastones me re pegó. También me dolió ver las montañas de pelo que utilizaban para hacer hilos, se me había parado el corazón. 
Cuando comenzamos la marcha sentí una emoción grande, ya quería estar caminando con banderas y dejar mi cartelito en las vías. Ya quería estar en Birkenau con todas las delegaciones juntas. La marcha fue muy emocionante. 
Después del acto recorrimos Birkenau y ya ansiaba estar en Israel, me sentía muy mal, era un lugar donde se mostraba claramente la matanza de judíos de manera sistemática. El hecho de que habían alargado las vías para que el trayecto de las vías a las cámaras de gas sea directo.
Al día siguiente fuimos a los restos del ghetto de Cracovia, nos contaron acerca la farmacia de Thadeus Pankewitz que ayudó a los judíos que se encontraban en el ghetto y sobre que fue nombrado Justo entre las Naciones. Luego recorrimos la ciudad vieja de Cracovia, donde vimos sinagogas, un edificio que creo que era una corte o un palacio de justicia tenia dos entradas y daban la salida directa hacia lo que estaba fuera del ghetto y permitía salir por ahi y traer cosas, víveres, medicinas.
A la mañana siguiente fuimos a Lodz, donde originalmente se encontraba una gran sinagoga que pertenecía al barro de Baluti, luego fue convertida en un ghetto. Ahi vimos un vagón de tren conservado, la sensación de entrar a ese vagón fue única y completamente paralizante. Fue todo muy duro. Esa noche volábamos a Israel.